OPINION

El buen desempeño de la región durante la recesión mundial

América Latina: algo de previsión y un poco de suerte

Por Standard & Poor's, 26 de julio de 2010

La visión de la consultora de riesgo internacional Standard & Poor's sobre la evolución reciente de las economías de América Latina y las perspectivas para los próximos años.

 


 

La recesión mundial y la crisis financiera afectaron a las economías de América Latina con mucho menos dureza que la que habrían previsto tan solo hace dos años la mayoría de los analistas e incluso funcionarios del gobierno en la región. Aunque todos los países de América Latina sufrieron una desaceleración económica, en promedio, la contracción en 2009 fue más benigna y corta que la de Estados Unidos y los países de la Eurozona.

Este desempeño reciente contrasta con la experiencia en recesiones mundiales anteriores, cuando las economías latinoamericanas generalmente se contraían más que las economías de Estados Unidos y Europa. Además, se proyecta que América Latina (con excepción de los países de Centroamérica) tendrá un crecimiento del PIB en 2010 más rápido que el de Estados Unidos y los países de la eurozona (vea la Gráfica 1, con base en datos del FMI).

Durante las dos últimas décadas del siglo XX, los países de América Latina a menudo sufrieron los efectos de impactos externos que se tradujeron en elevada inflación, recesión e incumplimiento de deuda. La distribución relativamente estable de las calificaciones soberanas en América Latina durante los últimos años demuestra la mayor resistencia económica de la región. La distribución de las calificaciones soberanas no empeoró, en promedio, desde finales de 2007 hasta mediados de 2010 (vea la Gráfica 2).

Subimos las calificaciones de varios soberanos de América Latina a grado de inversión durante este período. Subimos la calificación soberana de largo plazo en moneda extranjera de Brasil a 'BBB-' en abril de 2008, y la de Perú en julio de 2008. Más recientemente, en mayo de 2010, subimos la calificación soberana de largo plazo en moneda extranjera de Panamá a 'BBB-'. Las calificaciones de grado de inversión de estos tres soberanos se unieron a las de Chile y México, las cuales ya eran de grado de inversión mucho antes de la reciente recesión. México fue el único soberano con calificación en grado de inversión que presentó una baja en 2009, de un escalón a 'BBB'.

La pregunta natural que surge es si la reciente resistencia económica de América Latina se debe primordialmente a la buena suerte o si es resultado de muchos años de reformas, que han sentado bases macroeconómicas más fuertes y sistemas financieros más sanos que demostraron su fortaleza durante un período de estrés severo. La respuesta a esta pregunta es importante, ya que podría indicar cómo evolucionará la región en los próximos años mientras se recupera la economía mundial.

En la medida en que la resistencia económica reciente refleje los factores estructurales, la capacidad de muchos países de América Latina para transitar por un período de estrés económico severo sin sufrir graves reveses económicos podría ser una señal positiva para la calidad crediticia futura.

El papel de la suerte
Diversas tendencias mundiales que están fuera del control de los estrategas de políticas de América Latina ciertamente ayudaron a muchos países en la región a afrontar el severo estrés de los dos últimos años. En la medida en que dicha suerte desaparezca pronto, la resistencia reciente de muchas economías latinoamericanas podrían no augurar optimismo sobre el futuro.

Los factores clave de respaldo que no están bajo control de los soberanos de América Latina incluyen los precios favorables de las materias primas internacionales (commodities), una rápida respuesta internacional para proveer liquidez a los soberanos durante la escasez crediticia mundial, el bajo costo de financiamiento en todo el mundo, el mantenimiento de un sistema comercial abierto en el mundo y los llamados beneficios del rezago de las instituciones financieras locales.

Muchos países latinoamericanos tuvieron suerte al seguir disfrutando de los beneficios de los altos precios de las materias primas durante la recesión mundial. La fuerte demanda asiática de exportaciones latinoamericanas durante la recesión claramente ayudó a contener la erosión de los balances externos de la cuenta corriente en gran parte de la región así como a contener la caída de la producción económica y de los ingresos gubernamentales.

La economía mundial mostró un patrón diferente de crecimiento durante la reciente desaceleración en comparación con recesiones anteriores. La recesión en Estados Unidos y en gran parte de Europa no tuvo un gran impacto negativo sobre la economía mundial, y por lo tanto sobre América Latina, tanto como ocurrió con recesiones anteriores en los mismos países. Asia, especialmente China, demostró ser un motor resistente para el crecimiento mundial debido a su fuerte demanda interna que logró compensar la pérdida de mercados de exportación en las economías occidentales. La economía china creció poco menos de 9% en 2009, cerca de su tasa promedio de crecimiento del PIB de 10% durante la década pasada.

El crecimiento sostenido de las economías asiáticas en la década pasada y su participación cada vez mayor en la producción mundial desempeñaron un papel importante para mantener la demanda mundial de muchos productos exportados desde América Latina, lo que sostuvo a los mercados de exportación de muchos países de Sudamérica, incluso a medida que Estados Unidos y Europa entraban en recesión. La demanda asiática ha impulsado los precios de las materias primas internacionales por arriba de sus niveles promedio anteriores. La Gráfica 1 muestra el cambio acumulado en términos de intercambio (precios de las exportaciones dividido entre los precios de las importaciones) de algunas economías de América Latina durante la última década (los datos son de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, conocida como CEPAL).

La Gráfica 3 muestra que países como Venezuela, Chile, Bolivia, Argentina, Perú y Colombia registraron aumentos sustanciales en sus términos de intercambio debido a los mayores precios de materias primas internacionales como petróleo, gas, cobre y soja. Los precios más altos impulsaron los ingresos por exportación y los ingresos del gobierno, lo que contribuyó al crecimiento del PIB durante la última década. Aunque los precios de las materias primas cayeron desde sus máximas en 2008 a niveles más moderados en 2009 y principios de 2010, se mantienen muy por encima de sus niveles históricos. Según las estimaciones de la CEPAL, los términos de intercambio disminuyeron en promedio menos de 10% en 2009 para los países de América Latina, con excepción de Perú (11%) y de grandes productores de petróleo como Venezuela (28%) y Ecuador (16%).

Muchos países de América Latina experimentaron un marcado incremento en la proporción de sus exportaciones destinadas a China y a otras naciones de la región Asia-Pacífico en el período 2000-2009. Las exportaciones de América Latina a la región Asia-Pacífico aumentaron a casi 15% de las exportaciones totales de la región en 2009 desde sólo 5% en 2000. Las exportaciones a China se incrementaron a 6.9% del total desde 1% durante el mismo período. Los mayores aumentos de exportaciones se presentaron en Sudamérica, en países como Brasil, Perú y Chile, seguidos por Costa Rica y Panamá. Los menores incrementos se dieron en México y Centroamérica, que mantuvieron su enfoque principalmente en el mercado de exportación de Estados Unidos (un 88% de las exportaciones de México van a Estados Unidos en comparación con sólo 10% de Brasil). Otros países, como Argentina y Venezuela, que exportan comparativamente menos a la región Asia-Pacífico y a China también se beneficiaron de los precios más altos de las materias primas internacionales (petróleo y alimentos) que la demanda asiática ha sostenido.

Los flujos de divisas e ingresos fiscales derivados de los altos precios de las materias primas internacionales ayudaron a sostener el crecimiento del PIB durante la recesión mundial en muchos países, así como a atenuar el impacto de la desaceleración en los balances fiscales. Según datos de la CEPAL, el comercio con China siguió creciendo durante la recesión mundial. En 2008, el total de exportaciones desde la región había aumentado 16%, pero el crecimiento más rápido fue para las exportaciones hacia China, de 25%. En 2009, las exportaciones totales de América Latina y el Caribe cayeron un 23% en valor (las exportaciones a Estados Unidos se redujeron en 26% y a la Unión Europea en 28%), pero las exportaciones a China aumentaron aproximadamente 5%.

China compró más del 30% de las exportaciones de Chile en 2009, más del doble de su participación en 2005. Del mismo modo, China representó más del 20% de las exportaciones de Brasil y Perú el año pasado, más del doble que en 2005. Las exportaciones de Chile a China aumentaron 35% el año pasado, mientras que las exportaciones a China desde la mayoría de América del Sur, Centroamérica y México crecieron entre 5% y 10%. Mientras tanto, el valor de las importaciones a América Latina y el Caribe cayó 25% en 2009, lo cual incluye un descenso de 16% en las importaciones procedentes de China.

En conjunto, América del Sur registró un pequeño superávit comercial con China en 2009, mientras que México y Centroamérica registraron un déficit importante. Durante la última pasada, América del Sur ha reportado una balanza comercial casi equilibrada, en promedio con China, mientras que México y Centroamérica han tenido un déficit creciente.

Otro factor importante que ayudó a los soberanos de América Latina a lidiar con la recesión mundial fue la rápida respuesta de los acreedores multilaterales y oficiales para proveer liquidez a los países de mercados emergentes. El FMI anunció una nueva asignación de Derechos Especiales de Giro (DEGs o SDRs por sus siglas en inglés), que impulsó de manera efectiva las reservas internacionales de sus países miembros.

El FMI también anunció una nueva línea de crédito flexible (FCL, por sus siglas en inglés) en marzo de 2009, un programa innovador precautorio que ofrece préstamos a los países con políticas aceptables para el Fondo y con economías que se encontraban en buenas condiciones (en contraste con los programas típicos del FMI, que ofrecen dinero a cambio de realizar modificaciones en las políticas de gobierno cuando las condiciones económicas empeoran). La FCL envió una señal de que el dinero estaría disponible antes de que se necesitara, lo que ayudó a sustentar la confianza. El Fondo firmó acuerdos de FCL con México y Colombia. El Banco de la Reserva Federal de Estados Unidos también dio una línea swap por US$30,000 millones a los bancos centrales de México y Brasil, lo que fortaleció su acceso a dólares. Aunque algunos gobiernos de América Latina participaron en la elaboración de estos acuerdos internacionales, las iniciativas provinieron en gran medida de otros gobiernos.

Las bajas tasas de interés en todo el mundo también ayudaron a los países de América Latina durante el reciente período de estrés. El costo del capital no aumentó durante la reciente desaceleración económica mundial, en contraste con la tendencia en episodios anteriores similares. Los bancos centrales de Estados Unidos y Europa, así como la mayor parte del mundo, recortaron de manera importante las tasas de interés e inyectaron liquidez en los mercados financieros, en marcado contraste con su política común de subir las tasas de interés durante crisis anteriores para contener la inflación. Por lo tanto, las tasas de interés en el mundo cayeron durante la reciente crisis a pesar de un breve período de baja liquidez en los mercados financieros internacionales tras el colapso de Lehman Brothers en 2008. Eso, sumado a los problemas que afrontaban las grandes instituciones financieras en Estados Unidos y Europa, ayudó a evitar una salida masiva de capitales de América Latina y permitió que sus bancos centrales mantuvieran tasas de interés locales bajas, o incluso que las redujeran.

El comercio mundial se mantuvo abierto durante la reciente recesión a pesar de la disminución de los flujos comerciales. Muchos países recurrieron a medidas proteccionistas, pero su impacto fue relativamente leve. La red internacional de compromisos de intercambio multilateral a través de la Organización Mundial de Comercio y los numerosos acuerdos comerciales bilaterales y regionales comprobaron ser suficientemente fuertes para evitar un revés importante mediante nuevas barreras al comercio que habrían dañado las exportaciones de países de América Latina. Eso, a su vez, respaldó la confianza de los inversionistas en el largo plazo y apoyó las entradas continuas de inversión extranjera directa (IED) y las inversiones locales con fines de exportación.

Por último, las instituciones financieras en gran parte de América Latina disfrutaron de los denominados beneficios del rezago, lo que significa que no habían desarrollado los complejos productos financieros estructurados que resultaron ser sumamente costosos para muchos bancos en Estados Unidos y Europa. La exposición de las instituciones financieras de América Latina a través de inversiones en este tipo de complejos productos financieros en otros países también estuvo bastante limitada, lo que les ayudó a evitar importantes pérdidas. Aunque las leyes y regulaciones locales participaron para limitar la exposición de las entidades financieras a dichos productos, podría haber sido buena suerte en algunos casos que las instituciones financieras locales no hayan tenido tiempo para copiar la compleja ingeniería financiera de sus contrapartes en Estados Unidos y Europa, lo que evitó así el problema. Sin embargo, varias grandes empresas no financieras en México y Brasil presentaron pérdidas como resultado del uso de derivados.

Los principales bancos extranjeros en América Latina no tenían una gran exposición a los mercados emergentes en Europa, cuyos problemas de liquidez podrían haber representado una amenaza para la liquidez en América Latina durante la crisis. Los bancos de España y de Estados Unidos representan aproximadamente la mitad del financiamiento de la banca extranjera en América Latina y el Caribe. La capacidad de los grandes bancos españoles para sortear la recesión mundial en relativamente buena forma ha ayudado a mantener la confianza en los sistemas financieros de los países de América Latina, donde dichos bancos tienen una gran presencia.

Pero no todo fue suerte
La buena fortuna claramente jugó un papel en la explicación de la reciente resistencia económica de América Latina, pero no fue el único factor. Además, no todos los países de América latina, tuvieron tan buena suerte. La mayoría de los gobiernos en América Latina aprendió valiosas lecciones de crisis económicas anteriores durante las décadas de 1980 y 1990 y, por lo tanto se encontraban en mejor forma para absorber el impacto de la crisis reciente.

Muchos países de América Latina no se beneficiaron de los altos precios de las materias primas. Los términos de intercambio de México mejoraron ligeramente en la década pasada (vea la Gráfica 3), lo que refleja la diversificación de su economía para alejarse de las materias primas como petróleo y gas. La economía mexicana se contrajo más de 6% el año pasado, principalmente debido al impacto de la recesión de Estados Unidos. Centroamérica vio caer sus términos de intercambio durante la década pasada, ya que es un importador neto de materias primas. Además, tanto Centroamérica como México han estado afrontando una mayor competencia de los productores asiáticos, especialmente de China, en sus exportaciones de manufacturas al mercado de Estados Unidos.

Algunos países de Centroamérica y Sudamérica lograron alcanzar un crecimiento positivo del PIB en 2009 sin contar con el beneficio de los elevados ingresos de materias primas internacionales o de la fuerte demanda de exportaciones proveniente de Asia. Países como Panamá, Colombia y República Dominicana tuvieron un crecimiento positivo del PIB el año pasado, principalmente debido a la demanda interna. Su resistencia durante la recesión mundial no puede acreditarse a afortunadas condiciones externas.

Actualmente, América Latina está integrada en la economía mundial de una mejor manera que en las dos últimas décadas del siglo XX, con menos vulnerabilidad a las interrupciones súbitas en el financiamiento externo. Por ejemplo, tanto el sector público como el privado ahora dependen menos de la deuda externa y hacen un mayor uso de la deuda en moneda local debido al crecimiento de los mercados internos de capitales. Además, la mayoría de los soberanos ha mejorado su perfil fiscal mediante la reducción de la carga de su deuda en años recientes y de la reducción de la inflación. Asimismo, muchos países han fortalecido sus sistemas financieros mientras se desplazan hacia tipos de cambio más flexibles. La política monetaria se ha vuelto más flexible, permitiendo que muchos bancos centrales recorten las tasas de interés para sostener la demanda interna durante una recesión sin temor a la inflación. Como resultado de tales reformas, la región logró desarrollar fuertes amortiguadores antes de la crisis reciente.

Pilares macroeconómicos más fuertes –como un menor nivel de deuda y una mayor flexibilidad monetaria– dieron margen a muchos gobiernos para implementar políticas contracíclicas a fin de reducir el impacto negativo de la recesión mundial. Además, las políticas sociales más efectivas que llegaron directamente a los pobres también ayudaron a mitigar el costo social de la desaceleración, lo que aligeró la potencial presión política a favor de políticas económicas populistas.

Los varios años de buen crecimiento económico, junto con los pasos para contener los déficits fiscales dieron como resultado un descenso en la carga de la deuda de muchos soberanos de América Latina. Muchos países entraron en la recesión mundial de 2009 con una reducida carga de la deuda (véase la Gráfica 4). La deuda neta del gobierno general (ponderada por el PIB) para la región en su conjunto bajó a 35% del PIB al cierre de 2008 frente al nivel de 52% que tenía en 2002.

La Gráfica 5 muestra la carga de la deuda de una manera diferente, comparando el nivel de deuda del gobierno general (que incluye a los gobiernos nacional y locales) con los ingresos del gobierno general. El descenso en la carga de la deuda en el periodo 2003-2008 dio margen para que algunos soberanos implementaran políticas fiscales contracíclicas moderadas para apuntalar la demanda interna en 2009 y 2010. Esta situación destaca en marcado contraste con la experiencia de crisis previas, cuando los gobiernos tenían menos flexibilidad fiscal y por lo tanto debían o recortar el gasto (exacerbando así la caída de la economía) o correr el riesgo de perder la confianza del mercado al registrar mayores déficits presupuestales.

Las ganancias en la flexibilidad no solamente fueron resultado de una menor carga de la deuda sino también de un cambio en la composición de la deuda pública. Los varios años de inflación moderada aunados a las reformas de pensiones y al desarrollo de los mercados locales de capitales, ayudaron a los soberanos y a sus sectores privados a fortalecer el perfil de su deuda. En general, los gobiernos han logrado emitir más deuda en moneda local con mayor plazo y a tasa fija, reduciendo su vulnerabilidad a los aumentos repentinos en las tasas de interés o a una marcada depreciación de la moneda. Ello, aunado a los crecientes ingresos por sus exportaciones, contribuyó a reducir la carga de la deuda externa de muchos soberanos.

La Gráfica 6 muestra el rápido descenso en carga de la deuda externa neta del sector público desde 2003 hasta el cierre de 2009 (el balance de 2008 es positivo en 0.2% para México y negativo en 1% para Costa Rica). Standard & Poor’s estima que los requerimientos de financiamiento externo bruto de América Latina (calculado usando los promedios ponderados por el PIB) cayeron a solamente 70% de sus reservas internacionales utilizables al cierre de 2008 frente al 166% de 2002. La Gráfica 7 muestra el incremento en las reservas internacionales frente al nivel de la deuda de corto plazo. (Usamos las reservas utilizables para este cálculo a fin de excluir las divisas que están comprometidas directamente para respaldar pasivos de los bancos centrales). Estos indicadores demuestran la menor vulnerabilidad que tenía la región ante una crisis financiera externa antes del inicio de la desaceleración mundial.

La combinación de tipos de cambio más flexibles y de políticas monetarias con objetivos de inflación, dio a muchos países una estabilidad monetaria mucho mayor que en el pasado, permitiéndoles que el tipo de cambio absorbiera parte del impacto negativo de la recesión mundial. Además, permitió a los bancos centrales recortar sus tasas de interés durante la crisis mundial en lugar de subirlas para estabilizar la economía como había ocurrido en crisis anteriores. El banco central de Brasil recortó su tasa de interés en 500 puntos base desde su máxima de 2008 hasta principios de 2010. El mayor de tales recortes se presentó en Chile (775 puntos base), seguido de Colombia (700 puntos base), Perú (475 puntos base) y México (375 puntos base).

Los sistemas bancarios en América Latina salieron del reciente periodo de restricción crediticia mundial sin daños serios. La ausencia de complejos productos estructurados tuvo un papel menor en lo que respecta a la falta de problemas serios en el sector financiero durante la crisis. Muchos países habían tenido que fortalecer sus sistemas financieros antes de la reciente desaceleración, aprendiendo lecciones de periodos previos de inestabilidad. Como resultado de ello, los gobiernos de América Latina no tuvieron que proporcionar el masivo nivel de respaldo a sus sectores bancarios como sí ocurrió con el gobierno de Estados Unidos y otros de Europa. Los sistemas financieros en la mayoría de los países de América Latina están posicionados para contribuir al crecimiento y no a ser un lastre para el mismo.

El mejor desempeño del sistema financiero se debe en gran parte a las mejoras regulatorias recientemente implementadas (tales como las que se refieren a la creación de reservas, transparencia y difusión), a los mayores niveles de capital, a las conservadoras políticas de otorgamiento de crédito, y a la mayor fortaleza de los sistemas para monitorear el riesgo. Los bancos centrales en muchos países lograron monitorear el riesgo mediante exhaustivos sistemas para reportar información financiera así como mediante el seguimiento de las transacciones financieras y de la exposición de los bancos a diversos tipos de activos.

Las prácticas y reglas conservadoras en el otorgamiento de créditos también fueron de ayuda, especialmente para el financiamiento hipotecario. Por ejemplo, los bancos en Panamá siguieron prácticas cautelosas de otorgamiento de créditos, tales como el ofrecimiento de créditos de montos bajos respecto al valor del mercado durante los años de auge. Como resultado de ello, lograron absorber la caída en los precios de las casas sin un incremento serio en los préstamos problemáticos. La mayoría de los bancos en la región mantuvieron sus créditos hipotecarios en sus propios balances.

Los sistemas financieros de América Latina se desempeñaron mucho mejor que los de algunas partes de Europa Oriental al evitar desequilibrios cambiarios y al reducir la dependencia del capital externo. Una base de fondeo más estable contribuyó a aligerar el impacto de la escasez crediticia mundial en la región, en comparación con lo que ocurrió en muchas otras partes del mundo, donde los bancos dependían más del financiamiento mayorista o de líneas de crédito externas. El sistema bancario en América Latina (de propiedad local y foránea) depende más de los depósitos locales para fondear sus activos que de los recursos externos. El índice de depósitos a préstamos rebasó el 100% en países como México, Argentina, Colombia, Brasil y se situó en alrededor de 90% en Chile antes de la reciente crisis, en comparación con el promedio de 75% en los países emergentes de Europa.

Las cifras del FMI muestran que el otorgamiento de crédito por parte de los bancos extranjeros (ya sea en el exterior o de subsidiarias locales) cayó mucho menos en América Latina y El Caribe que en otros mercados emergentes durante la desaceleración mundial (véase el documento del FMI, WP/10/12, “The Global Credit Crunch and Foreign Banks’ Lending to Emerging Markets: Why Did Latin America fare Better?”, H. Kamil y Kulwant Rai). Los bancos extranjeros canalizaron la mayor parte de sus créditos a la región en moneda local y los fondearon a través de captación local, evitando así la dependencia de los mercados mayoristas y de sus matrices para agregar fondos para sostener sus operaciones.

Los flujos de IED contribuyeron a mantener la estabilidad económica al contribuir al financiamiento de los déficits de cuenta corriente en muchos países y a las perspectivas de crecimiento de largo plazo, incluso en medio de la desaceleración mundial. El nivel de IED in América Latina ha estado aumentando durante la última década a pesar de algunas fluctuaciones, debido a la liberalización, las reformas económicas, y la mayor estabilidad política y macroeconómica en la mayoría de los países de la región. La CEPAL calcula que el nivel de IED en América Latina y el Caribe disminuyó 41% en 2009 a US$76,700 millones frente a los US$131,900 millones del año anterior (que fue una máxima récord para la región). El descenso fue también proporcionalmente equitativo a la baja en la IED en 2009 para las economías desarrolladas. A pesar de esta baja, el nivel de los flujos de ingreso en 2009 fue el quinto más alto en la historia de la región. Esperamos que la IED aumente en 2010 y nuevamente podría rebasar los US$100,000 millones.

Muchos países de América Latina empezaron de manera unilateral la liberalización comercial en la década de los 90 y en los años recientes se movieron hacia acuerdos de libre comercio bilaterales y regionales. Tales políticas han ayudado a países como Chile, Colombia, Perú, México y Panamá, así como a Centroamérica, a promover y a diversificar sus exportaciones. Además, han atraído IED al ofrecer un mayor acceso a los mercados de exportación y al dar mayor certidumbre en las políticas económicas.

La tendencia hacia los acuerdos de libre comercio ha seguido extendiéndose en la región, a pesar de la desaceleración mundial. Por ejemplo, Colombia y Perú firmaron recientemente un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea y están buscando pactos similares en Asia (como lo está haciendo Costa Rica). La falta de voluntad del Congreso de Estados Unidos para aprobar acuerdos de libre comercio con Colombia y Panamá no ha reducido los esfuerzos de estos dos países para buscar pactos comerciales con otras naciones.

La capacidad de gran parte de América Latina para sostener la estabilidad y la confianza de los inversionistas en medio de la desaceleración mundial también se basa en la estabilidad política y de sus políticas. Gran parte de la región, incluyendo Brasil, México, Colombia, Perú, Chile, Uruguay y Panamá, se ha beneficiado en los últimos años de un creciente consenso político sobre temas macroeconómicos. En general, los principales partidos políticos en la región están de acuerdo en la necesidad de evitar acciones que pudieran traducirse en grandes déficit fiscales y elevada inflación. El consenso es resultado, en gran parte, de las lecciones del pasado, incluyendo el temor a regresar a tener elevadas tasas de inflación. Dicho consenso se ha visto sostenido en los últimos tiempos por el descenso en las tasas de pobreza (hasta 2009) en gran parte de la región, por la menor desigualdad en el ingreso y por la implementación de programas sociales más efectivos.

La desigualdad del ingreso se ha reducido en gran parte de la región durante la última década, revirtiendo así la tendencia de décadas anteriores, debido al crecimiento del PIB, a la expansión de la cobertura de educación básica y a los mejores programas sociales en beneficio de los segmentos pobres. Según las estimaciones de la CEPAL, el coeficiente de Gini, un indicador de la desigualdad del ingreso, cayó en promedio en cinco puntos porcentuales en la región durante los años de buen crecimiento (2002-2008). La menor desigualdad es notable en Brasil, Bolivia, Panamá, Paraguay, Venezuela y Perú.

La mejora en los indicadores sociales destaca de manera particular en Perú, uno de los países de crecimiento más acelerado en el mundo durante la actual década. De acuerdo con las estimaciones del gobierno, la tasa de pobreza cayó a 34.8% de la población en 2009 frente a 54.8% en 2001 (y la extrema pobreza a 11.5% de 24.1%). La desigualdad también se redujo ya que el coeficiente de Gini cayó a 0.47 en 2009 desde 0.54 en 2003 (un menor número indica menos desigualdad). Se estima que la mayor parte del avance se debe a los beneficios derivados del crecimiento económico aunados a un mayor gasto social. Brasil también mostró mejoras similares en sus condiciones sociales, con un porcentaje de la población clasificado en el segmento de ingresos medios, por arriba de 53% en 2009 en comparación con menos de 42% en 2003.

Durante los últimos años, la expansión en toda la región de los programas de transferencias condicionales, que generalmente están destinados a los segmentos más pobres de la población, ha hecho una contribución importante para mejorar la salud y la educación de las familias de menos ingresos manteniendo así la estabilidad social y política. Tales programas suelen transferir efectivo a las familias pobres a cambio de que mantengan a sus niños en la escuela y que se hagan revisiones medicas de manera regular. Actualmente, 17 países cuentan con programas de transferencias condicionales; se estima que llegan a más de 22 millones de hogares (unos 101 millones de personas, lo que equivale a 17& de la población total de América Latina y el Caribe).

Finalmente, muchos gobiernos de América Latina incrementaron el gasto en inversión pública (en general, en infraestructura física) durante la reciente desaceleración mundial, como parte de una política fiscal moderadamente contracíclica. Países como México, Colombia y Brasil impulsaron la inversión en infraestructura, incluyendo asociaciones público-privadas. Quizá el incremento más impresionante correspondió a Perú, donde la inversión del sector público se incrementó a 5.3% del PIB en 2009 tras oscilar en menos de 3% del PIB durante la mayor parte de la década actual. El aumento de la inversión pública es un contraste positivo en comparación con el pasado cuando los gobiernos normalmente recortaban dicho gasto a fin de contener los déficits fiscales y constituye un buen augurio para las perspectivas de crecimiento de largo plazo del PIB.

¿Hacia dónde se dirige América Latina ahora?
La resistencia económica de gran parte de América Latina durante la reciente desaceleración mundial, y la relativa estabilidad de las calificaciones soberanas en la región, son resultado de mucho más que la buena suerte. Aunque algunos países (como Venezuela y Ecuador) han dependido en gran medida de los fortuitos elevados precios de las materias primas internacionales (commodities), la mayor parte de las naciones de la región tienen ahora pilares macroeconómicos más sólidos que se basan en fundamentos más duraderos.

Una baja potencial en los precios de las materias primas o la renovada incertidumbre en Europa todavía podrían afectar el crecimiento económico de América Latina. Sin embargo, el impacto político derivado de un lento crecimiento en los próximos años sería menos severo en la región que en algunos otros países, donde el crecimiento es una necesidad política mayor (como en China). Un elevado crecimiento del PIB no es un requisito indispensable en América Latina para estabilizar una elevada carga de la deuda del sector público (como ocurre en India) o para revertir la reciente alza en la carga de la deuda del sector público (como en algunas partes de Europa). Por consiguiente, un periodo de crecimiento modesto del PIB probablemente daría como resultado una menor presión política que en años anteriores para cambiar las políticas económicas actuales y para moverse hacia el populismo en la mayoría de los países de América Latina, lo que constituye un buen augurio para la estabilidad de la calidad crediticia soberana en la región.

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