Retorno del "1 a 1"
A diez años del abandono de la Convertibilidad, el tipo de cambio real retornó al “1 a 1”. Considerando el tipo de cambio nominal y mediciones realistas de inflación minorista (provinciales y privadas), la paridad contra el dólar volvió a fines de 2011 a los niveles que presentaba en diciembre del 2001. Es decir, medida en términos reales, la maxi devaluación que siguió a la crisis de fin de siglo ya se ha evaporado.
Aún así, a nivel macroeconómico, las implicancias no son las mismas que hace una década. A pesar que el tipo de cambio real bilateral contra el dólar volvió a 1 (medido a precios de diciembre 2001), el multilateral acumula una depreciación de 60%, ubicándose en 1,60. Esto se debe, principalmente, a que todavía se conserva un abultado colchón cambiario contra el real brasileño (1,90) y el euro (1,50), aunque desde inicios de 2011 el peso muestre una acelerada apreciación contra ambas monedas, en línea el fortalecimiento del dólar en el mundo, combinado con una relativa estabilidad de la divisa norteamericana en nuestro país y una elevada inflación local.
Otro elemento que permite que la paridad “1 a 1” no genere las mismas tensiones que antes de la crisis del 2001 es el boom agroindustrial. La cosecha de soja se ubica actualmente en torno a los 50 millones de toneladas, casi el doble que diez años atrás (27 millones), a la vez que el precio de la oleaginosa (nuestro producto de exportación estrella) pasó de USD 170 a USD 420 por tonelada en el mismo período. Este incremento de la cosecha agrícola (que incluyendo otros cultivos supera las 100 millones de toneladas), garantiza por sí solo un flujo de dólares que permite compensar el déficit comercial estructural de la industria, además del flamante rojo energético. En los primeros 11 meses de 2011, el superávit comercial de los productos primarios y manufacturas de origen agropecuario acumuló USD 41.500 millones (más del triple que en 2001, cuando totalizó USD 12.300 millones), superando los déficits en el intercambio industrial (USD 28.000 millones) y de combustibles y energía (USD 3.200 millones).
De hecho, el déficit comercial industrial sería récord en 2011. Aunque las importaciones industriales pueden ser financiadas con el ingreso de agrodólares y el colchón cambiario con el real brasileño mantiene a flote a distintos bloques industriales, tímidamente comienzan a sentirse los efectos de la apreciación del tipo de cambio real en algunas industrias, fenómeno que explica (en parte) las recientes trabas comerciales. Esta situación es más palpable en sectores competidores con manufacturas chinas (como juguetes, textiles, o calzado), considerando que el tipo de cambio real con el yuan presenta una paridad más ajustada que con el real brasileño (1,4 vs 1,9 a precios de 2001).
En este contexto, el saldo de la Cuenta Corriente del balance de pagos sería nulo en 2011, tras mantenerse en terreno positivo a lo largo de los últimos 10 años. El pago de intereses de la deuda externa, junto con la remisión de utilidades de empresas radicadas en el país a sus casas matrices, insumió un promedio de USD 8.000 millones por año desde el 2002. Por su parte, el saldo de la balanza de servicios promedió un déficit de USD 1.000 millones por año en la última década. A los crecientes gastos en fletes, asociados a los mayores volúmenes de comercio, se sumaron los mayores pagos por pasajes y gastos de argentinos en el exterior por turismo. En este escenario, aún manteniéndose un superávit comercial relativamente elevado durante 2011 (USD 10.500 millones), el saldo de la Cuenta Corriente sería cercano a cero medido en términos del Producto.
Vinculado a lo anterior, un reflejo de la menor holgura cambiaria está dado por la ola de argentinos que viajan al exterior, los cuales hoy compensan casi completamente el turismo receptivo. Tras el abandono de la Convertibilidad, la plaza local se abarató como destino turístico y el gasto de los extranjeros en el país creció sustancialmente, alcanzando en 2011 casi el doble que a comienzos de la década. Por su parte, a nivel doméstico, la recuperación del empleo y de los ingresos en dólares (contracara de la apreciación real) estimuló el gasto de turistas argentinos en el exterior, tendencia que se profundizó a partir de 2007, cuando se aceleró la inflación local. De esta forma, el mayor gasto de los extranjeros en el país prácticamente se equiparó con el de los turistas argentinos en el resto del mundo, previéndose que este año salgan del país cerca de 14 millones de personas, 14% más que a fines de la década del 90. Mirando para adelante, los riesgos para el sector provienen de la apreciación real del peso contra la moneda brasileña y el euro, en medio de un escenario internacional menos favorable (actualmente, 2/3 partes del gasto en el país corresponde a turistas brasileros, europeos y norteamericanos).
Por otro lado, aunque hoy ya no está el “corsé” de la Convertibilidad (diferencia sustancial con diez años atrás), subsiste un evidente “miedo a flotar”, ya sea para evitar una apreciación nominal de la moneda, como para acelerar el ritmo devaluatorio, dadas sus implicancias inflacionarias. Si bien el sector privado (y principalmente el sistema financiero) hoy tiene limpia su hoja de balance, los temores al traspaso del tipo de cambio a la inflación (por un alto peso de los productos transables -alimentos- en la canasta de consumo de los hogares), sumados a la falta de credibilidad de la autoridad monetaria, tienden a inclinar al Banco Central a usar al tipo de cambio como ancla nominal de la economía, acarreando una persistente apreciación cambiaria en términos reales.
Por último, si bien la inflación equiparó a la devaluación acumulada desde el año 2001, este proceso esconde un drástico cambio de precios relativos en la economía. No todos los precios recuperaron, medidos en dólares, los niveles vigentes en la Convertibilidad. Muy por el contrario, los precios de muchos productos transables (principalmente alimentos) superan actualmente los niveles de diez años atrás, mientras que las tarifas de servicios públicos hoy son un 60% menores (en dólares) que a fines del 2001.
En síntesis, al cumplirse una década de la maxi devaluación, el tipo de cambio real volvió al punto de partida. Si bien la situación internacional y local todavía deja márgenes de maniobra, comienza a requerirse de una creciente “sintonía fina” para comenzar a lidiar con un escenario nuevo: la ausencia de una moneda subvaluada.
Fuente: Informe Mensual N° 171 - Banco Ciudad de Bs As, Estudios Económicos