OPINION

Escenario empresarial

La necesidad de certidumbre económica

Por Martín Juno, 08 de septiembre de 2010

El bajón económico de los años 2008 y 2009 está siendo superado gracias a un consumo que ha despegado y mantiene una marcha positiva. Sin embargo, esta buena coyuntura no se traduce en una mayor confianza empresarial, tal como la lógica indicaría. Por el contrario, se observa un ambiente de incertidumbre creciente que invita a postergar inversiones y, en general, a tomar una postura conservadora.


¿Cuáles son los factores que dan lugar a este escenario de contrastes?

En primer lugar se encuentra la inflación, que se ubica en niveles notablemente altos y poco compatibles con una economía sana. Aunque este proceso estimula el consumo y la producción, la contrapartida es el desaliento del ahorro y la inversión. En otras palabras, la inflación funciona como una droga que genera euforia momentánea pero que tarde o temprano tiene consecuencias no deseadas.

Por otra parte, la incertidumbre es incentivada por el estilo confrontativo del gobierno, que se ha potenciado en su actual disputa con el Grupo Clarín. Más allá de la justificación o no de las decisiones, lo importante en este caso son las formas que se han utilizado, reñidas con la noción de seguridad jurídica. La elevada discrecionalidad en manos del Poder Ejecutivo, un mal pre-existente a la Administración kirchnerista, se ha puesto en evidencia en estos últimos tiempos. Lógicamente, el hecho de que la economía y la actividad empresaria se encuentren en tan extrema dependencia de la política coyuntural, da lugar a un clima de desconfianza y cautela.

Por último, el factor más importante y estructural que explica el enrarecimiento del clima de negocios es la sensación de insostenibilidad del modelo económico a mediano y/o largo plazo. El país tiene hoy en día un nivel récord de gasto público y de presión impositiva. En los últimos años, Argentina vio crecer al estado como nunca antes: el gasto aumentó entre 2002 y 2010 a una tasa 70% mayor que la del PBI. Por otra parte, la recaudación impositiva nacional representa hoy el 29% de la economía, un porcentaje que se acercaría al 40% al considerar también los ingresos de Provincias y Municipios.

Ante este panorama de gastos públicos que crecen a una tasa desmedida y una presión impositiva al límite, las dudas sobre la sostenibilidad del modelo surgen de forma natural. De hecho, para el año 2011 los superávits gemelos - pilares del actual esquema económico- tienden a transformase en déficits gemelos. Aunque es probable que se consiga el financiamiento necesario para lograr el equilibrio, es indudable que comienzan a surgir síntomas que advierten sobre la posibilidad de complicaciones importantes a futuro.

En conclusión, no obstante el buen pasar, la economía necesita una dosis de certidumbre que motive a las empresas a invertir y apostar por el largo plazo. Para ello, debería atacarse a fondo el problema inflacionario –el principal riesgo de corto plazo-, y brindar una mayor seguridad jurídica y un mejor clima de negocios. Asimismo, es imprescindible avanzar hacia un esquema fiscal sostenible en el tiempo, que permita la disminución de la presión fiscal récord y disipe el riesgo de una nueva crisis.